Páginas

viernes, 29 de abril de 2011

La columna del Hermano Cuervo

Deja vú
(Edición impresa 224)


por Eduardo Bejuk

A esta altura, la pregunta es recurrente, un deja vú interminable, un cruel fantasma que nunca nos abandona: ¿por qué siempre la misma decepción?

Equipos que se refuerzan al comienzo del campeonato (a veces mejor, a veces con jugadores sin nivel para vestir la camiseta de San Lorenzo); equipos que arrancan bien (y le ganan a Boca, inevitablemente); equipos que coquetean con la punta (y a veces la alcanzan) y que finalmente, inexorablemente, se derrumban para no levantarse jamás. Y se va el técnico, empieza la danza mediática (esta vez, más conversada que nunca) y nosotros, desde la tribuna, desorientados, mascullamos la bronca. Y la decepción.

Vaya pesadilla.

¿Qué te pasa, Ciclón?

Lo que más duele es la apatía, el tránsito sin rumbo, la nostalgia por aquellos tiempos donde se peleaba algo importante hasta el final. Al cierre de esta edición, ignoramos quién será el próximo conductor futbolístico. Algo es claro: hace falta una profunda depuración del plantel, numeroso por demás; una bajada de línea para volver a las fuentes (algo ensayó el Bambino, con su famoso inflador mediático, durante esta semana convulsionada); y un proyecto que nos devuelva la identidad, el orgullo deportivo y muchos Carasucias de las Inferiores, para asegurar el futuro. Que el espíritu de la caravana a la Legislatura, ya legendaria, contagie a los muchachos. Y que, ganando o perdiendo, seamos San Lorenzo. Como todos los locos de la tribuna. Estoy seguro de que se puede. Hoy es un buen día para empezar.

Cuervos de Ley

El sentimiento hecho camiseta
(Edición impresa 224)


Un hincha del Ciclón tiene un mini museo cuervo con casi cien camisetas azulgranas. Verlo, es un paraíso para los ojos de cualquier fanático sanlorencista. Te contamos su historia, digna de un verdadero Cuervo de Ley.

Esta sección, llamada Cuervos de Ley, pretende destacar al hincha de San Lorenzo. Al verdadero. Al genuino. A ese que a cambio de nada deja todo de por los colores que ama. A ese fanático que respira sanlorencismo y que por sus venas solo corre sangre azul y roja. Por acá, pasaron todo tipo de ejemplares... El que sigue al equipo a todos lados; el que le pone un escudo al carrito recolector de basura con el que trabaja; el que se coló al campo de juego del Bidegain para alentar al Ciclón desde adentro y sacarse una foto con su ídolo; el ex combatiente de Malvinas que volvió a las islas después de 29 años y se sacó una foto frente al monumento a los “Caídos en acción” con la camiseta cuerva. En fin, todos fanáticos que alguna vez hicieron una locura por ese glorioso sentimiento. Todos con una historia para contar. Cada uno canalizando a su manera la pasión azulgrana. En esta ocasión, es el turno de destacar a Gastón Grippi. Este cuervo, un día recibió una camiseta de regalo, después otra y luego una más. Así, le picó el bichito y se puso como meta tener la colección completa de las que usó el Ciclón desde 1986 hasta acá. La primera que le regalaron, una Adidas (1986), cuando apenas tenía 9 años, se convirtió en el anzuelo para arrancar una búsqueda desenfrenada. Ahora, su mini (gran) museo almacena todo tipo de camisetas cuervas. Desde las más comunes hasta las más complicadas. Desde las más usadas hasta las menos. Son 95 pero todavía le falta conseguir algunas para completar la colección. Verlas todas juntas es como ingresar a un paraíso azulgrana. Una historia para disfrutar, de un verdadero Cuervo de Ley.

Contanos de la primera, Gastón
Fue una Adidas del año 1986. Me la regalaron mis padres cuando tenía 9 años. Esa fue la primera original, antes tenía algunas que no lo eran.

¿Cómo te picó el bichito de empezar a coleccionarlas?
A medida que fueron pasando los años. De chico, mis viejos siempre me regalaban camisetas. Luego fui comprándomelas y llegó un momento que tenía varias. Me puse a investigar cuáles eran los modelos que me estaban faltando y me di cuenta que no eran muchas pero sí difíciles de conseguir ya que algunas de esas, que aun hoy me faltan, se usaron muy pocos partidos y nunca estuvieron a la venta oficialmente. Así me empecé a armar un archivo fotográfico, donde describo cada camisetas que tengo, acompañadas con la imagen de un jugador que haya usado ese modelo en al menos un partido. También tengo registradas las que me faltan.

¿Son muchas esas que aun no tenés?
Y hay varias. Lo que pasa es que como te contaba antes muchas son de una época que no se vendían al público y conseguirlas es más difícil aun.

¿Cuál es el parámetro de la colección?
Mi idea es tener todos los modelos titulares y suplentes de las camisetas usadas desde 1986, teniendo en cuenta hasta los más mínimos detalles.

¿Cómo las conseguís?
Ahora ayuda mucho la Web. El sitio Mercado Libre y otras páginas me ayudaron a ponerme en contacto con coleccionistas de camisetas de fútbol. Antes era más difícil.

¿Cuánto fue lo que más pagaste por una?
Y… en algunas bastante. Lo bueno fue que como también siempre me gustó tener indumentaria alternativa (buzos, camperas, camperones) en muchas ocasiones terminé haciendo canjes por esas cosas o dándolas en parte de pago. Así me ahorré mucha plata. Tené en cuenta que soy docente y que nuestro sueldo no es de los mejores. Muchas veces me privé de muchas cosas por ahorrar y esperar a que apareciera algunas de estas camisetas tan codiciadas por mí para comprarlas. El tema es que cuando aparecen ofertas en Mercado Libre, uno no se puede dar el lujo de esperar a juntar la plata ya que otro usuario te puede primeriar y fuiste. Entonces tenés que estar preparado y expectante.

Usadas por los jugadores, ¿tenés?
Sí, pero no son la mayoría. Tengo dos de Cristian Zurita (que me las regaló en Uruguay ), dos de Celso Esquivel, una del Pipi Romagnoli, otra del Pipa Estévez, de Aldo Paredes y Jonathan Santana.

¿Hasta el momento cuál fue la más difícil de conseguir?
La última. A pesar de estar firmada por muchos jugadores me era muy difícil conseguirla y opté por comprarla igual. Si más adelante la consigo sin las firmas, la vuelvo a comprar.

¿Qué valor tiene esa colección para vos?
Monetaria y sentimentalmente incalculable.

Top five

“Le doy más valor a los modelos que se usaron muy pocos partidos y no se pusieron a la venta”
Luanvi toda roja y toda azul, usada sólo en la Mercosur 1999.
Penalty suplente (piyama). Detalle: parche Cablevisión ocultando la publicidad Medicorp, fue usada pocos partidos durante el Apertura ’95 y un amistoso en Chile.
Mebal (marca San Lorenzo) suplente, usada pocos partidos en el año 2000.
Topper suplente, usada muy pocos partidos en 1992, también en aquel recordado 6-0 con Nwewll’s en Rosario por La Libertadores.
Adidas titular publicidad Monroe, usada muy poco en el año 86.

miércoles, 27 de abril de 2011

Venta de entradas para el (¿último?) clásico


De acuerdo a lo dispuesto por la Unidad de Coordinación de Seguridad y Prevención de la Violencia en Espectáculos Futbolísticos, no se venderán entradas el día del partido. Por tal motivo, los simpatizantes de San Lorenzo podrán adquirir sus tickets únicamente el jueves y el viernes de 10 a 19, en las Sedes de Av. La Plata y Av. de Mayo.

La venta anticipada de entradas para el clásico frente a Huracán -correspondiente a la decimosegunda fecha del Clausura- se realizará hoy y mañana de 10 a 19 en las Sedes de Av. La Plata y Av. de Mayo.

Estos son los ¿populares? precios de las entradas:
Generales
Invitados $ 40
Damas, Jubilados y Pensionados $ 20Menores $ 10

Platea Sur
Socios $ 50
Preferencial Socios $ 60
Invitados $ 90
Preferencial Invitados $ 110

Platea Norte Alta
Socios $ 60
Invitados $ 120
-Sector C-
Socios $ 80
Invitados $ 140

Platea Norte Baja
-Sectores G y H-
Socios $ 100
Invitados $ 190
-Sectores I y F-
Socios $ 90
Invitados $ 160

Codo Q (Platea Visitante)
Invitados $ 110

Cuervo, pensá que si los Quemeros se van a la B, esté puede ser el último polvo...
No te lo pierdas.

Homenaje al Gasómetro


El Sábado 7 de Mayo a partir de las 18 hs en José Mármol 1691 la “Casa de la Cultura Sanlorencista” convoca con entrada libre y gratuita a socios e hinchas a compartir una muestra gráfica sobre el Barrio de Boedo que presentará Facundo Gonzalez Trejo.

La muestra se desarrollará en el marco de cumplirse 95 años de la inauguración del Gasómetro.


“La muestra de fotos está orientada a describir como las personas del barrio tanto niños como adultos, transforman en comunidad los paisajes del mismo, en sus cuadras, bares, restaurantes, comercios y casas se ven en estas particularidades continuamente. El espíritu arrabalero, bohemio, militante y futbolero del barrio entre otros adjetivos hacen de este un lugar único en el mundo más que nada auténtico, esto es lo que intenta mostrarse en esta muestra, los rincones del barrio más hermoso para mi”

La muestra podrá verse durante todo el Mes.

Acompañando a la muestra fotográfica, el mismo 7 de Mayo, la Subcomisión del Hincha homenajeará al Gasómetro con imágenes del Templo del Deporte Argentino.

miércoles, 20 de abril de 2011

El partido más triste del mundo


Estoy en la cancha. Tuve la suerte de guardar la acreditación y pude entrar. Aunque en realidad no se si llamarlo suerte.

Esto es muy triste, necesito sentir un dale San Lore..., necesito ver banderas azulgranas, necesito ver a mis amigos cuervos...

Esto no se debió jugar. Hubiera preferido que los jugadores salgan al estadio, muestren un cartel que diga "sin hinhcas no se juega" y se retiren de la cancha...

Honestamente los tres puntos no me importan nada....

martes, 19 de abril de 2011

San Lorenzo-Vélez: Carta de los medios a las autoridades del club

Sres.

Club Atlético San Lorenzo de Almagro

Att: Secretaría – Sr. Nestor Larrandart

CC: Prensa CALSA – Sr. Pablo Fucci


Por medio de la presente, los medios partidarios del Club Atlético San Lorenzo de Almagro que abajo se detallan, solicitamos a nuestros dirigentes que tomen las medidas necesarias y exijan cumplir a los organismos de seguridad lo dispuesto a continuación:


1.- El partido a disputarse mañana entre el Club Atlético Vélez Sarsfield y el Club Atlético San Lorenzo de Almagro carece de localía alguna ya que se ha denominado de locación “neutral” por los organismos de seguridad.


2.- Por lo expuesto en el punto 1, solicitamos la reacreditación de los periodistas que tendrán acceso al encuentro ya que en primera instancia fue Prensa CAVS el que llevó adelante la acreditación correspondiente a cada medio, tanto local como visitante.


3.- Advertimos a nuestras autoridades que de no accionar ante este pedido la concurrencia de periodistas partidarios del CAVS será mayor a la del CASLA ya que rige la política de acreditación impuesta por el primer club.


4.- Advertimos que el CAVS podría acreditar para este partido a hinchas y socios ajenos a la actividad periodística ya que los mecanismos de control de acreditaciones depende de Prensa CAVS.


5.- Por último, solicitamos a nuestras autoridades que mediante la presente garanticen la seguridad y normal desempeño de las tareas a los periodistas acreditados y reconocidos por el CASLA.


Sin otro particular, saluda atentamente, Gastón García, editor de La Revista del Ciclón.

Mundo Azulgrana
Perfil Sanlorencista
Hablemos de San Lorenzo
De San Lorenzo.com
La Cicloneta
Simplemente San Lorenzo
Santo Ciclón
Equipo Desafío
La Revista del Ciclón
San Lorenzo USA
San Lorenzo en Radio

lunes, 18 de abril de 2011

El estadio más grande del mundo



por Eduardo Bejuk*



Anoche tuve un sueño. Todos los Cuervos del mundo se abrazaban al mismo tiempo, y se estrechaban hombro con hombro con la ciclónica fuerza de sus almas, y formaban muros inabarcables, y se paraban unos sobre otros, en una perfecta arquitectura humana, cientos de miles, millones, Cuervos y Cuervas, padres e hijos, abuelos y nietos, tíos, sobrinos, amigos, desde Boedo hasta Madrid, desde Madrid hasta las Filipinas, desde las Filipinas hasta el último rincón del planeta, y esos muros iban subiendo hasta el cielo, y pasaban las nubes, y alcanzaban las estrellas, y éramos nosotros los artífices de los nuevos tablones, sin madera ni cemento, sin fierros para sostenerlos, tablones de sueños y avalanchas, de fe indomable, tablones infinitos azules y granas construidos por el maravilloso berretín de amar a San Lorenzo. ¿Estaremos locos de tanto soñar? No. No te creas. Los dueños del optimismo futbolero, los quijotes de banderas azulgranadas, los eternos chiflados de canciones dulzonas, irónicas y abrumadoras, andan en eso. Y son capaces de todo. Por eso aquella marcha. Por eso este sueño hermoso. Por cada historia que te contó tu abuelo, por cada tarde que se paró sobre un tablón de Avenida La Plata y la garganta le quedó áspera como la madera; por el eco de los goles que todavía habitan allí, en el barrio de perfume reo, empedrado barrio que se empecina en ser como siempre fue; por cada imagen que les queda a los que conocieron el Gasómetro; por cada paisaje que imaginaron los que nunca pudieron conocerlo. Porque el Gasómetro sobrelleva la melanco del exiliado, pero también la esperanza del que sabe, bien adentro suyo, que algún día va a volver. Y con una sonrisa. ¿Imposible? Proyectos de ley, miles de firmas, voces, marchas, bombas de estruendo que espantan miedos, las canciones de la resistencia, el asombro de los neutrales, el llanto de los que trajeron recuerdos en la solapa y, entre sollozos furtivos, no permiten que se marchiten. Son tantos. Son tan valientes. Lo vamos a lograr. Todos saben que lo vamos a lograr. Vos, Hermano Cuervo, lo vas a construir. Si de un descenso escribiste un relato épico. Si de de tus canciones se compone la banda sonora del fútbol argentino. Si ya levantaste una cancha, reventaste las ajenas y pasaste todas las pruebas de fidelidad posibles... Sé que estás comprometido con la nueva quijotada, embanderado de pies a cabeza, dispuesto a marchar mil veces, a gritar tu revancha, a derribar la prepotencia del terror con el puño cerrado de tu pasión pacífica. Hombro con hombro, surcando océanos, penetrando montañas, los Hermanos Cuervos de cada lugar se juntan como tablones, se elevan en armonía, encastran los brazos sudorosos para formar una masa compacta y así, en el éxtasis de un nuevo milagro, en el vértigo de las alturas imposibles, levantan el estadio más grande del mundo. El estadio del amor eterno. Y en Avenida La Plata, bajo el sol de una tarde cualquiera, un pibe se pone en la fila para entrar a la cancha, mientras el viejo la acaricia la cabeza.

*Para los que iniciaron esta epopeya, a puro sueño. Para los que eligieron acompañarlos, a pura emoción. Para todos los Cuervos del mundo.

Comisión de Prensa de Restitución Histórica: informe N°1

El Club Atlético San Lorenzo de Almagro informa a la opinión pública que hay tres proyectos presentados en la Legislatura Porteña que contemplan que se declare de utilidad pública en los términos de la Ley 238 el predio que ocupó el Gasómetro en Avenida La Plata. Los tres proyectos presentados en ese sentido se unificarán a la hora del trato en las Comisiones, vale recordar que en estas horas hay más de 30 Legisladores acompañando este hecho de estricta justicia con nuestra Institución. Uno de los daños mayores que sufrió San Lorenzo durante la última dictadura militar, fue la coacción del Municipio a través de ordenanzas municipales a la que cualquier ciudadano puede acceder. Los primeros días de Febrero de 1983, el Club Atlético San Lorenzo de Almagro terminó mal vendiendo su patrimonio, diez días después en el Boletín Municipal con fecha 15 de Febrero de 1983 se derogaban las Ordenanzas 36.019 y 38.696. Aquí los textos que avalan la estafa que sufrió San Lorenzo de parte de la Intendencia de facto... “Que es criterio vigente de esta Municipalidad que la Ordenanza Nº 36.019 deroga tácitamente la apertura de las calles Muñiz y Salcedo en los tramos comprometidos según resulta de los planos de englobamiento confeccionados antes de ahora por la Dirección General de Fiscalización de Obras y Catastro”. Ordenanza Nº 38.696 Artículo 1º: Deróganse expresamente las proyectadas aperturas de la calles Muñiz, en el tramo comprendido entre la calle Inclán hasta su cierre, y de la calle Salcedo en el tramo comprendido entre la Avenida La Plata y su cierre, desafectándose las mismas.

domingo, 17 de abril de 2011

Viejo Gasómetro: explicaciones de su desaparición

Un interesante artículo encontrado en la Web que explica cuestiones sobre el cierre del estadio cuervo...

El fútbol te ofrece historias maravillosas, conmovedores relatos que merecen ser contados. San Lorenzo de Almagro es todo romanticismo. Pero también es una especie de gigante fornido, capaz de aguantar todo lo que le echen, capaz de levantarse cuando le zancadillean, de gritar, de seguir caminando. A pesar de que nace en Almagro, en la parroquia de San Antonio y toma el nombre del sacerdote que apadrinó a ese grupo de chavales que peloteaba en la calle, Lorenzo Massa, el epicentro del sentimiento cuervo radica en Boedo, en la Avenida de la Plata, entre las calles Inclán y Las Casas, todo bajo la atenta mirada de la esquina que cantó Homero Manzi en uno de los tangos más representativos de Buenos Aires. Entre esas calles anteriormente mencionadas, en la Avenida de la Plata, se levantó en 1916 el Gasómetro. Era el primer estadio de San Lorenzo, que a penas contaba con ocho años de historia. Boedo, al Sur de Almagro, se convirtió desde entonces en la casa del equipo santero, denominado así por su origen ‘divino’. El campo, de tablones como todos los que se hacían en esa época, se parecía a los antiguos gasómetros, de ahí al sobrenombre. El estadio no se terminó hasta 1929, llegando a alcanzar entonces una capacidad de 75.000 espectadores y convirtiéndose en el coliseo con más lumbre del país. La selección nacional no tardó tiempo en hacerlo su sede por más de treinta años. El Gasómetro se conocía por aquel entonces como el ‘Wembley porteño’. Allí la albiceleste dio grandes tardes de fútbol. Allí se lució Isidro Lángara, allí deslumbro el famoso trío compuesto por Farro, Pontoni y Martino o la línea ofensiva más gloriosa que se recuerda en aquel país, los ‘Carasucias’. Allí San Lorenzo confirmó la supuesta grandeza que se le otorgó al inicio de la era profesional. El Cuervo levantó campeonatos en ese Boedo que ya era conocido en el mundo no sólo por el grupo literario de izquierdas que tomó su nombre en los años 20, sino por su equipo de fútbol, una alternativa real en Buenos Aires a River y Boca. Nunca pensó San Lorenzo ni Boedo, que su apacible vida allá por los años setenta, conllevada con una difícil situación económica, como ocurría con la mayoría de los clubes argentinos, se tornaría en una pesadilla con la llegada del Mundial en 1978. El Gasómetro estaba ciertamente deteriorado. Muchos creyeron que con la cita mundialista se le cambiaría la cara al que había sido hasta ese momento el templo del fútbol argentino. Pero no fue así. La dictadura prefirió obviar al Sur de la ciudad, quiso esconder esa realidad obrera, esas clases trabajadoras, a los periodistas y empresarios internacionales que venían a la capital. Por ello optó por potenciar otros estadios, en zonas más acomodadas, volcándose sobre el todo en el Norte, con River. Era el comienzo de un fin orquestado por el alcalde de la ciudad, el Brigadier Cacciatore, alcalde bonarense en aquella época dictatorial. Este militar acondicionó las inmediaciones del Monumental, eliminó, por ejemplo, la villa miseria del Bajo Belgrano. Además, renovó y terminó el estadio de los millonarios, lo puso bonito, lo convirtió en una maravilla… Y mientras todo eso ocurría, el Gasómetro, el mítico Gasómetro, veía impotente como el ominoso regimen amenazaba con extinguir su tradicional resplandor. Terminado el Mundial, el Brigadier Cacciatore quiso aprovecharse de la situación de debilidad de San Lorenzo. Los terrenos del Gasómetro eran muy golosos y comenzó una auténtica maniobra de expropiación sin precedentes, ante la que nada pudieron hacer los hinchas cuervos. Primero se alegó que había que hacer una reordenación urbana y se necesitaba una apertura de las calles Muñiz y Salcedo, para lo cual había que tirar el estadio. En este terreno el ayuntamiento se propone construir viviendas, prohibiéndose expresamente la construcción de supermercados. Se dicta una ley que obliga a que se lleve a cabo tal reordenación urbana. San Lorenzo se resiste a aceptar, se resiste a decir adiós al estadio de toda su vida, a su barrio, al lugar donde también estaba una de las sedes deportivas más completas del país. Pero nada se pudo hacer, porque las presiones de Cacciotere eran imposibles de soportar. En diciembre de 1979 jugó su último partido contra Boca. Luego el campo se echó abajo. San Lorenzo se quedó con 900.000 sucios dólares de consuelo que le pagó una sociedad fantasma, constituida pocos días ante de la venta. Negrita La canallada de la dictadura llega a su punto álgido con el devenir del tiempo. Pasaron los años y no hubo apertura de calles, tampoco se construyeron viviendas. En 1983 se establece una ordenanza que anulaba la prohibición de establecer un supermercado en esa zona y los terrenos se le venden a Carrefour por ocho millones de dólares. ¿Dónde van a parar? Pregunta sin resolver. Y ese es el final de la historia. Donde estaba el Gasómetro, donde se levantaba el orgullo del fútbol argentino, hay ahora un Carrefour, justo al lado de la sede del Club, que sigue allí, en plana avenida de La Plata. La desaparición del Gasómetro trajo la crisis deportiva cuerva más grave de toda su historia, por primera vez bajó a Segunda y estuvo 14 años sin estadio, peregrinando por diversos campos de la ciudad, soportando la vergüenza de no tener casa en contra de su voluntad. En 1993 se construyó el estadio Pedro Bideguain, en el Bajo Flores, más al Sur de Boedo, en una zona nada representativa para los azlgranas. Allí San Lorenzo, no obstante, ha conseguido volver a sonreír y levantar títulos, el último el anterior Clausura de la mano del Pelado Díaz. Ni siquiera el cruel destino ha impedido que el gigante siga en pie. Se da la circunstancia de que todos los triunfos importantes logrados por San Lorenzo se siguen celebrando en la mítica esquina de San Juan y Boedo, la esquina de Homero Manzi, la esquina por la que las masas cuervas deambulaban con sonrisas después de disfrutar en el Gasómetro antes de que esa dictadura cruel mezclara fútbol y política. Sí, la esquina por la que, puede, vuelvan a circular los aficionados azulgranas en las tardes de domingo. Eso ya lo contaremos mañana, porque no hay que olvidar que esa parte de Boedo es tierra santa para los sanlorencistas. Y ya se mueven los hilos para recuperar lo que siempre fue suyo.

sábado, 16 de abril de 2011

El Viejo Gasómetro: un extraordinario cuento de Eduardo Sacheri

El golpe del Hormiga

Cuento de fútbol de Eduardo Sacheri, del libro "Lo raro empezó después" -

¡Veinte años, carajo!¡Veinte años! ¿Qué me decís a eso? ¿Querés que me quede así, sin hacer nada? Bogado no sabe qué contestar. Parpadea varias veces, algo aturdido por los gritos del Hormiga, que sigue de pie al otro lado de la mesa, con los puños sobre la madera. La cara del Hormiga está casi en sombras porque la lámpara es muy baja, pero Bogado sabe que sus ojos sacan chispas y que está empapado de sudor por el esfuerzo de tratar de convencerlos. Bogado se mira las manos para no cruzarse con los ojos de los demás que, sentados a los costados, sin dudas están clavándole la mirada. Saben que están esperando que hable, como si siempre fuese el dueño de la última palabra. Por algo el Hormiga lo ha llamado primero a él para organizar esa reunión de desquiciados. Y por eso lo ha usado a él como interlocutor principal para darle los pormenores de ese proyecto de locos. Y por eso le ha contestado específicamente a él todas las preguntas, todas las objeciones, que todos los presentes le han ido planteando al Hormiga, y que lo han ido poniendo nervioso hasta dejarlo con ese aspecto de energúmeno escapado de un loquera. Bogado chista y sacude la cabeza. Ridícula. Toda la situación es ridícula. Y ellos son ocho boludos. Eso es lo que son. Los ocho reunidos en esa habitación oscura, con la lámpara sobre la mesa como si fuera un garito o un aguantadero de película mala, y ellos un banda de chorros planeando al asalto del siglo. - ¿Te lo vuelvo a explicar? – el Hormiga baja el tono en un intento por tranquilizarse. Bogado alza una mano para disuadirlo: -No. Pará. No tiene sentido. - Te digo que sí – porfía el Hormiga-. Primero: lo vengo estudiando desde hace dos años. Dos años. ¿Me escuchaste bien? – Bogado, resignado, asiente-. Segundo: conseguí ese laburo de vigilancia nada más que para esto, y vos lo sabés bien, José. –Mira brevemente a su derecha, y una de las cabezas convalida con un gesto afirmativo-. Tercero: me parlé cincuenta veces al supervisor para que me mandase a controlar el sector ese, porque si me mandaban al depósito o al estacionamiento me cagaban, y se iba todo el asunto a la mierda. – De nuevo le habla directamente a Bogado, y éste no quiere que lo haga. – Cuarto: elegí el lugar con un cuidado bárbaro... – duda como buscando palabras más precisas, pero no las encuentra-, bárbaro, el lugar –concluye. - Nadie te dice lo contrario, Hormiga – Bogado intenta cortarlo. - Pará. Dejame terminar. El lugar que les digo es bárbaro. De lo mejor. Hay una cámara que lo enfoca medio de costado, pero como las luces de ese lado las apagan, por el monitor no se ve un carajo, ya me fijé. Quinto. O sexto, no sé, para el caso da igual: la alarma está apagada hasta bien tarde, primero por los de limpieza y después por la ronda nuestra. ¿Y querés lo mejor, lo mejor de lo mejor? Bogado hace un posterior intento por detenerlo: - Para, Hormiga, cortála. Ya lo dijiste. El otro lo ignora. - Escuchá, escuchame un poco –el Hormiga es ahora enérgico pero no ha vuelto a perder los estribos-. De las tres a las cuatro de la mañana se juntan todos los vigilantes en la recepción a tomar un refrigerio. Se supone que se tienen que turnar, pero van todos juntos porque están podridos de estar al pedo y solos como una ostra sin nadie para charlar. Bogado nota, contrariado, que a fuerza de escucharlo una y otra vez los otros muchachos empiezan a tomarlo en serio. Intenta romper el efecto: -Estás soñando, Hormiga. Vamos a terminar todos en cana, y vos sin laburo, además. No es la réplica más feliz, y Bogado se da cuenta de inmediato. El Hormiga se sienta y lo mira fijo, con sus ojos claros muy abiertos por la excitación. La nariz, gorda y ganchuda, parece a punto de estallarle con el color escarlata que ha tomado. Con esa piel blanca y el pelo rubio parece un gringo recién bajado del barco. Cuando se conocieron a Bogado le había extrañado el sobrenombre del Hormiga, porque el tipo es alto, flaco y blanquísimo, y se le nota a la legua que es hijo de tanos. Recién al tiempo le explicaron que el mote no era por es aspecto, sino por lo cabeza dura, por lo tenaz, lo porfiado. Cuando algo se le pone en la cabeza no hay Dios que lo convenza de lo contrario, y no para hasta conseguir lo que busca. Y Bogado, esta noche, está sufriendo en carne propia esa forma de ser de su amigo. Y para peor acaba de decir la frase menos adecuada que pudo ocurrírsele. Serán los nervios, piensa Bogado. Pero el otro lo mira con seguridad, casi con dulzura, con la expresión del jugador que tiene todas las cartas en las manos. -¿Me estás jodiendo? –arranca el Hormiga- ¿Y vos creés que yo no quiero largar ese laburo? ¡Me hacen un favor si me echan! Estoy para esto, Santiago. Nada más que para esto. No se pueden borrar ahora. Dos años para esto, macho. Dos años me comí ahí adentro para esto. Vuelve el silencio, Bogado asume que acaban de sacarle otro gol de ventaja en esa extraña definición en la que ambos hace rato están empeñados. El Hormiga no miente cuando dice que aceptó el trabajo de vigilancia para esto. El día que le confirmaron el puesto, los reunió a todos, a los mismos que hoy flanquean la mesa, les anunció solemnemente para qué había aceptado ese trabajo. En ese momento todos se lo habían tomado medio en joda y le habían dado manija. Hasta él, hasta Bogado, había tomado parte en el jolgorio. Y tampoco fueron capaces de detenerse después, con el transcurso de los meses, en las ocasiones en las que el Hormiga, muy serio y más entusiasmado, les pasaba informes sobre sus avances. Todos le habían seguido la corriente. Pero lo de esta noche es demasiado. Citarlos así, en ese sitio, a esa hora, haciéndose el misterioso. Evidentemente el Hormiga se engrupió con eso de dar el golpe del siglo. Pero, ¿de quién es la culpa?¿De él o de los que no fueron capaces de frenarle el carro? La primera vez que lo explicó, más temprano, con el plano lleno de cruces y de flechas trazadas con marcadores rojos y verdes, se le cagaron de risa porque acaban de llegar y supusieron que era una joda. Pero después, al ver al Hormiga enchufadísimo, se fueron poniendo serios. Por eso Bogado había empezado a asustarse y a tratar de pararlo, de llamarlo a la realidad, de demostrarle que todo era una locura. Pero cuando más discuten más siente Bogado que el Hormiga se agranda, se afirma, crece en lo suyo. Y peor aún, Bogado palpa en el aire que los demás se van encandilando con su fantasía. Y esa estupidez de haberle mentado el asunto del trabajo. El flanco más fuerte del Hormiga, precisamente. Porque el tipo ha sacrificado dos años de su vida para eso. No es el único trabajo que el Hormiga puede hacer, ni el mejor pago. Sin ir más lejos el año pasado José le ofreció un reparto de quesos. Buena guita, porque necesitaba alguien de confianza, y el Hormiga, además de todo, es derecho como una estaca. Pero contestó que no, porque no podía dejar “aquello” sin terminar. Esa es la cagada. Que el Hormiga habla desde la autoridad que nace del sacrificio y la voluntad. No se llena la boca con bravuconadas. Puede tener un plan ridículo. Puede ser una imbecilidad. Pero el Hormiga se la jugó en el asunto, y se la sigue jugando. A Bogado le está costando discutir, encontrar argumentos terminantes, porque se ha pasado la mitad de la velada preguntándose si el hubiese sido capaz de un sacrificio como ése, durante tanto tiempo, y no puede contestarse del todo. Y más que nada por algo así, por algo que se supone que es una estupidez en la vida de la gente. Bancarse un laburo mal pago, con jefes hijos de puta, con unos francos rotativos de porquería, para darle de comer a la familia, Bogado lo hace sin dudar un instante y lo mismo cualquiera de los que están reunidos alrededor de la mesa. Pero acá no se trata de alimentar a la familia, si no de algo distinto. El Hormiga hace eso por un amor diferente, que la mayoría seguro que no entiende. Pero Bogado sí, y los otros también, la puta madre. Y por eso Bogado intuye que al Hormiga no hay con qué darle, y mientras intenta pincharle el globo se siente un sicario indigno y traidor. Bogado trata de detenerse. No puede mezclarse en semejante embrollo, porque lo de terminar todos presos va en serio. Por eso lo enloqueció al otro con sus objeciones. Y le ha hecho mil quinientas porque el plan del Hormiga es imposible. Un sueño. Una utopía. Y aun cuando resulte, ¿qué va a cambiar? Pero cuando se lo dicen los mira con esa cara de iluminado, con esa expresión de elegido, con esa fe de converso, con esa certidumbre de profeta, y los deja desarmados. O peor, les grita eso de “20 años” y es como que les entierra un clavo filoso entre las costillas; sienten que les chorrea la desolación por las venas y se les enfrían las tripas con el dolor sucio de la humillación y de la burla. Y no se pueden enojar porque el Hormiga, antes que a ellos, se lo está diciendo él mismo. Les dice “20 años” para que les duela, pero ellos saben que a él le duele más decírselo a sí mismo, lo lacera más que a nadie volver a escuchar esa cifra de escalofrío que ya le pesa como un ropero de plomo sobre el alma. Y parece como si el Hormiga supiese que Bogado está a punto de derrumbarse, porque con uno de los marcadores que estuvo usando para las cruces y para las flechas escribe 1974-1994; esos ocho números a Bogado se le clavan en las entrañas y empieza a sentir que se le desinflan los argumentos y se le enturbia la lógica. Hace un último esfuerzo: - Hormiga, te lo pido por favor. Pensá lo que decís. No tiene gollete. Aparte, suponiendo que no nos agarren, ¿para qué va a servir?¿No te das cuenta? Es un sueño, Hormiga, una fantasía. El otro tarda en contestar, y cuando habla usa un tono mucho más enérgico, tal vez angustiado, casi como si estuviese a punto de largarse a llorar, como si las palabras le saliesen crudas, como si proviniesen de un lugar demasiado hondo como para cocinarlas antes de pronunciarlas: -Ya sé, Santiago. Ya lo sé. Pero no me puedo quedar con los brazos cruzados. ¿Qué querés que le haga? Bogado no sabe qué contestar. ¿Qué puede retrucarle? El Hormiga no sabe qué hacer. Bogado tampoco. Al Hormiga le duele el alma con ese dolor que sólo entienden algunos. A Bogado también. Pero mientras el Hormiga soñó, calculó, laburó, investigó, planeó y preparó, él, Santiago Bogado, no ha hecho más que lamentarse y sufrir, sin mover un dedo. No sabe qué contestar y simplemente suspira, claudicando. Carucha, que estuvo en silencio desde el comienzo, dice: “Yo me prendo”. José se apunta: “Yo también”. Bogado sacude la cabeza, con los ojos bajos. Sergio apoya a los otros, y los restantes dudan un segundo y hacen lo mismo. El Hormiga no dice nada. Sigue esperando las palabras de Bogado. Bogado repasa todas las cosas estúpidas que hizo a lo largo de su vida y siente que está a punto de cometer la peor de todas. Algo lo tranquiliza: la mayor parte de esas estupideces las cometió por la misma causa que lo lleva a lo que está a punto de perpetrar, y tan mal no le ha ido. Toma aire buscando los últimos gramos de decisión que le faltan, alza la mirada hacia el Hormiga y pregunta: ¿Cuándo?”. Veinte horas después están todos, excepto el Hormiga, en un baño de hombres, embutidos en dos retretes contiguos; de pie, pegados unos a otros, inmóviles y silenciosos, a oscuras. Bogado no siente los pies, adormecidos como están por el plantón. Lleva cinco horas ahí adentro, siguiendo la expresa indicación del Hormiga. Entró al baño, pasó de largo frente a la larga hilera de mingitorios y se metió en el último compartimiento de los inodoros. A las seis llegó Carucha. Seis y media, Ernesto. A las siete, Rubén. Los otros tres se acomodaron en el de al lado a medida que fueron llegando, siempre a intervalos de media hora. Al principio Bogado tenía los nervios de punta. ¿Qué iban a decir si los encontraban? El Hormiga había insistido: “Ese baño no lo revisan nunca y lo limpian cada muerte de obispo”. Ahora Bogado está más calmado porque parece ser cierto. A las diez apagaron las luces. Carucha enciende de vez en cuando una linternita en forma de lapicera que lleva en la campera y Bogado ve los rostros de los todos como si fueran espectros o personajes de una película de vampiros. El que no quiere callarse es Rubén. En un cuchicheo casi permanente jode, se queja del dolor de gambas, pregunta cada diez minutos cuánto falta. De vez en cuando lanza una risita nerviosa, pero Bogado no teme que vaya a quebrarse. Simplemente muestra un poco más sus nervios, nada más. Él está igual, aunque la juegue de duro y de tranquilo. A las doce empiezan a acalambrársele las piernas, pero aunque se muere de ganas de salir a dar unos pasos no se anima a desobedecer la orden del Hormiga. A la una escuchan que se abre y se cierra la puerta vaivén del ingreso. Unos pasos rápidos se dirigen en la oscuridad hacia el escondite: “Soy yo”, dice el Hormiga en un murmullo, justo cuando a Bogado está a punto de salírsele el corazón del cuerpo: “¿Cómo van?” contesta Carucha por todos y el Hormiga promete volver a las tres en punto. A Bogado esas dos horas se le hacen eternas. Repasa una y otra vez la conversación del día anterior y se putea en silencio por haber aceptado semejante idea. Pero no dice nada. Los demás parecen convencidos, o por lo menos no ponen nerviosos a los otros planteando en voz alta sus dudas. Al cabo de un tiempo que parece infinito, Carucha anuncia que son las tres menos dos minutos. Puntual, vuelve a abrirse la puerta. El Hormiga les dice que salgan. Primero tienen que apretarse contra la pared trasera, y Rubén debe subirse con cuidado al inodoro para hacer lugar suficiente para abrir la puerta. Iluminados a retazos mínimos por la linternita de Carucha mientras se contorsionan para salir de ese escondrijo, parecen títeres torpes. Cuando le toca el turno, Bogado tiene que contener una exclamación de dolor al poner en movimiento sus rodillas entumecidas. No ha dado diez pasos cuando el Hormiga los manda a todos cuerpo a tierra. Bogado se acuesta lo más rápido y silenciosamente que puede. No logra evitar que su nariz choque con el zapato de José, que acaba de aterrizar delante de él. Se palpa a ciegas, tratando de determinar si está sangrando. Cree que no. A una nueva orden del Hormiga, vuelven a ponerse en movimiento. Bogado se alegra de que lo hayan repetido la noche anterior hasta el cansancio, después de que él se rindiera y aceptase la propuesta del Hormiga. “Al llegar a la puerta, cruzar cuerpo a tierra el pasillo, que va a estar a oscuras. Al sentir el mueble, girar a la derecha y avanzar quince metros, hasta el extremo de la larga repisa. Van a sentir olor a jabón en polvo”. Cuando el olor dulzón que suele saturar el lavadero de su casa le penetra en la nariz magullada Bogado comprueba que las instrucciones son precisas. Sigue recordando: “Ahí se complica un poco, porque tienen que cruzar el pasillo central: tres metros libres. Pero tenemos una ayuda: armaron una isla central con una oferta de papel higiénico que tapa bastante la cámara más cercana. Pasen rápido, a intervalos de un minuto, siempre pegados al piso. Eso sí: no toquen la pila de rollos porque es muy liviana, y si la tiran a la mierda no nos salva nadie”. Bogado pasa último, porque el Hormiga le pidió que cierre la marcha. Por un lado lo hace sentir bien esta confianza en su persona, pero al mismo tiempo teme a cada minuto que alguien salga de la oscuridad y lo levante del pescuezo con un manotazo. Se da vuelta y nada: la penumbra desierta, apenas las frías luces de emergencia llenando de sombras raras los pasillos. A las tres y cuarto hacen un alto. Como está previsto, el Hormiga se levanta como si nada y camina resueltamente hacia otro extremo del enorme salón, donde están reunidos sus compañeros de trabajo. Vuelven a los cinco minutos. “Todo en orden”, asegura antes de volver a su puesto a la cabeza de la extraña víbora que forman los cuerpos reptando sobre el piso frío. Es entonces cuando reemprenden la marcha y Bogado ve unas cuantas baldosas del piso frente a sí que, como si una llamarada súbita lo hubiese incinerado en el fuego de la revelación, toma conciencia del sitio en que se encuentra. No ha vuelto ahí en todos esos años, tan grandes son el dolor y la nostalgia. Otros sí han vuelto. Se lo han dicho. Pero él nunca fue capaz. No ha querido siquiera pasar por la calle ni por el barrio. Y ahora está ahí. Ahí metido. Se abstrae del trance que está atravesando y de los objetos extraños y profanos que lo rodean. Se imagina tendido igual, de cara al piso, pero no sobre esas frías baldosas anodinas sino sobre el suelo que la escatiman. Se imagina la noche estrellada que, más allá del edificio que subrepticiamente recorren, baña de luz ese campo oculto bajo el cemento. Le gusta pensarse así, como visto desde el cielo, bañado por la luz azul de las estrellas, acurrucado en esa cuna de pasto crecido, y el miedo se le va derritiendo como un mal sueño. Con los dedos enguantados acaricia esas baldosas tristes y las baña con unas lágrimas contenidas durante demasiado tiempo. Da vuelta el último recodo. Sus ojos, acostumbrados a la oscuridad, distinguen el bulto que hacen sus amigos irguiéndose. Los imita. El Hormiga los ubica en los extremos de la enorme góndola, cuatro de cada lado. “A la una, a las dos, a las tres”. Todos empujan al unísono y logran mover el catafalco unos diez centímetros. Repiten el procedimiento varias veces. -¿Hora?- pregunta el Hormiga. - Tres y media –contesta Sergio. - Estamos justo –responde el otro. El Hormiga se inclina y enciende su linterna. Saca una barra de acero bruñido y hace palanca sobre una baldosa, que se levanta casi sin ruido. La dedicación de la Hormiga sigue conmoviendo a Bogado. Noche a noche, para no hacer bochinche en el momento definitivo, ha corrido solo la góndola, y ha limado la pastina y el adhesivo hasta socavar la mezcla. Levanta otra baldosa. Queda al descubierto un boquete estrecho, sobre un contrapiso gris y parejo. El Hormiga pregunta de nuevo la hora. -Menos veinticinco –responde Sergio - Es ahora – retruca el primero. Han formado una ronda alrededor del boquete. En ese momento se enciende un motor ruidoso a la distancia. Bogado está maravillado: los cálculos de Hormiga son exactos hasta en la hora en que se encienden las pulidoras del hall central. A una señal, Rubén y Sergio sacan dos mazas y dos cortafierros con las cabezas envueltas en trapos gruesos, y empiezan a dar golpes sobre el agujero del piso. Bogado siente como si el ruido fuese atronador. Pero pasan los minutos y nadie viene desde la oficina de los guardias. Evidentemente las lustradoras tapan el sonido. A otra señal del Hormiga, Carucha y Ernesto reemplazan a los otros. Los demás miran extasiados. No pueden apartar los ojos de ese hueco que se ensancha. Se supone que uno de ellos –Bogado ya no recuerda cuál, ni le importa- debe estar de pie en el extremo de la góndola, vigilando el pasillo central y la línea de cajas, pero ninguno puede sustraerse al hechizo proverbial que toma forma en el centro de la ronda. Cuando le toca el turno, a las cuatro menos diez, Bogado siente que flota en una excitación sin edad. Piensa en su tío, pero trata de borrarlo de su pensamiento por miedo a quebrarse tan cerca del triunfo. El Hormiga, olvidado de su papel de estratega, da vueltas y saltitos asomándose sobre las cabezas inclinadas, y repite como loco: “Ahora sí, muchachos. Ahora van a ver. Ahora se nos da. Es cuestión de sacar de acá y poner allá, en el Bajo. Se acabó la malaria, van a ver, se los juro”. Y Bogado siente, mientras golpea frenético el cemento, que es verdad, que es cierto, que esta vez se corta el maleficio, y que son ellos los ángeles custodios del milagro. Bogado siente una oleada de pasmo. El cortafierro acaba de hundirse, bajo el contrapiso, en una materia blanda. No puede contener un gritito. El Hormiga apunta la linterna al agujero. Una masa cenicienta y blanda yace bajo los restos de los escombros. No pueden controlarse. Se lanzan al unísono a escarbar con las manos desnudas, unos sobre otros. Dan las cuatro, pero no lo notan. Rubén, de repente, pide casi a gritos que se iluminen la mano. Ocho pares de ojos se clavan en su puño. Tiene la piel arañada, las uñas rotas, el anillo de casamiento opaco y cruzado de raspones. Y bien aferrado, como si fuera un tesoro de cuento, un puñado de tierra negra que asoma entre sus dedos crispados. Bogado trata de contener las lágrimas, pero cuando escucha los sollozos de Carucha, y cuando ve que Sergio se hinca de rodillas y se tapa la cara para que nadie lo vea, se lanza a moquear sin vergüenza. El Hormiga se adelanta. Los demás le abren un espacio en el medio. Se hinca con la dignidad de un sacerdote egipcio que se dispone a escrutar las más oscuras trampas del destino. Sergio levanta la linterna y le ilumina las manos mientras recoge trocitos del tesoro en un frasco de vidrio. Cuando termina se pone de pie. Alza el brazo derecho con el frasco en alto. Vacíos de palabras, los ocho se apilan en un abrazo. Tardan en destrenzarse. A una orden del Hormiga salen disparando hacia una salida de emergencia. En la cabina de control de cámaras, un guardia frunce el entrecejo. Otro le pregunta qué le pasa. El guardia piensa antes de responder. Esos monitores color son muy lindos, pero todavía no se acostumbra. Igual contesta que no pasa nada. Teme que su compañero piense que está loco si le dice que creyó ver, a la altura de la góndola de los fideos, pasar corriendo a unos tipos vestidos con camiseta de San Lorenzo.

San Lorenzo 1 - Lanús 1

No se enganchan... Después de una semana especial e inolvidable por la gesta histórica de La Gloriosa en la Legislatura, a la hora del fútbol San Lorenzo volvió a defraudar. Empató en un gol con el Granate y así, de a poquito y con una campaña mediocre en condición de local, el equipo de Ramón Díaz se va despidiendo del campeonato. El primer tiempo terminó sin goles y si bien fue San Lorenzo el que más propuso, tampoco generó demasiado. Apenas una del paraguayo Velázquez (que ya empieza a exaspearar a muchos) y alguna insinuación del Rayo Menseguez. En el complemento, a los cinco minutos entro Romagnoli y la primera que tocó lo dejó solo al Rayo que definió bien y puso a Ciclón en ventaja. Pero San Lorenzo no lo pudo ni lo supo aguantar y Lanús encontró el empate a través de Paolo Goltz que, lamentablemente, nos vacuna seguido. Después la nada misma. Sin ideas, sin juego y casi sin ganas, el Ciclón volvió de decepcionar a su gente que se fue con la cabeza mirando al piso y resignada. Se va el tren del campeonato. El miércoles ¿sin hinchas? se no se consigue un buen resultado, hay que despedirse y apuntar al objetivo de segunda: entrar a la Sudamericana. Lo más triste de todo: cuando terminó el partido el DT azulgrana dijo que "todos sus jugadores tuvieron un gran nivel" y que su equipó "jugó bien". Lamentable. Sin dudas y como viene la mano lo mejor de San Lorenzo en el semestre será la multitudinaria movilización cuerva del de abril. Lástima que los jugadores no se enganchen.

viernes, 15 de abril de 2011

Hoy a que ganar...

En la previa del partido ante los Granates, un lindo partido para recordar.


CAMPAÑA SOLIDARIA 2011 SCH CASLA: LLEGA A CATAMARCA Y TUCUMAN


La Subcomisión del Hincha del Casla informa que en los primeros días de Mayo, la "Campaña Solidaria 2011" llegará a las provincias de Catamarca y Tucumán llevando diferentes productos, como juguetes, ropa de niño, calzado y material escolar, entre otras cosas para los mas necesitados. Recolectamos además, todo tipo de alimentos no perecederos e indumentaria. La Casa del Vitalicio, ubicada en Inclan esquina Muñiz del barrio de Boedo, será el lugar donde se pueden dejar estos elementos de 17 a 20, de Lunes a Viernes.

La "Campaña Solidaria SCH CASLA" que se realizó durante 2010 fue un éxito, haciendo llegar a diferentes rincones de la República Argentina, lo que a otros les falta. De vos depende, que niños, jóvenes y ancianos carenciados, cubran algunas de sus necesidades!!

Quienes deseen colaborar como voluntarios, pueden dirigirse a Inclan esquina Muñiz, o enviar un correo a prensa@schcasla.com.ar

PRENSA SCH CASLA -Solidaridad Sanlorencista-

Videos cuervos que erizan la piel



Damian Manusovich: "El cariño con la gente es mutuo"

(Edición impresa 223)
Mano a mano con La Revista del Ciclón, el Ruso Damián Manusovich habló de todo: el cariño de la gente, el equipo del ’95, el Bambino, su participación en un programa de televisión y la vuelta a Boedo. Y, obviamente, de aquel recordado y muy festejado gol a Colón, el único en su paso por el Ciclón. ¡A disfrutarlo!

por Gastón García

Nunca fue un exquisito dentro de la cancha. Menos, de esos jugadores que ponían la bocha bajo la suela y tiraban alguna fantasía. Es su ficha técnica, difícil encontrar la palabra “habilidoso”. Sin embargo, a base de mucho sacrificio o como se dice en la jerga futbolística poniendo mucho huevo supo ganarse el cariño y respeto del hincha de San Lorenzo. hoy, más relajado y sin transpirar la ropa, se divierte jugando al fútbol/tenis en el programa “Fútbol para todos” que se emite de lunes a viernes (15 horas) por la pantalla de Fox Sports. De Damián Manusovich estamos hablando. Con el dialogó La Revista del Ciclón…

¿Cómo te trata el programa, Damián?
Bien, contento porque es un lugar de esparcimiento que, cuando hay temas más serios, uno también se puede comprometer más.

¿Es tu primera experiencia en los medios?
En televisión sí. Antes había participado en una programa en la radio Rock & Pop con Christian Bassedas y el Rifle Pandolfi Como hubo algunos cambios en el programa, un día me llamaron y me comentaron que buscaban a alguien que provenga del ámbito del fútbol pero que haya sido jugador, para sumar otra visión, no tan vinculada a los medios. Y ahí estamos, transitando una nueva experiencia.

¿Y algún otro tipo de vinculación con el fútbol?
La verdad que no, estaba bastante alejado y sólo era un espectador más. Por eso, cuando me propusieron lo de Fútbol para todos le dije a la gente del canal que era una locura porque yo no estaba en tanto contacto con el ambiente, más allá de que me gusta. Ahora, al estar en un medio, soy uno privilegiado porque además de mirar también puedo opinar.

¿Hiciste el curso de técnico?
Sinceramente no es algo que me llame demasiado la atención y, si bien no descarto nada, por ahora no me pasa por la cabeza ni aspiro a hacerlo en el corto plazo.

¿Te cansó el ambiente?
Tengo una visión bastante crítica del fútbol y de su ambiente en general pero eso no fue motivo para que no participe. Tampoco descarto que si el día de mañana un amigo quiere ser entrenador, acompañarlo en su cuerpo técnico. Pero no es que tuve un sentimiento contrario con el fútbol y que por eso me alejé sino que opté por otras cosas.

Manusovich debutó en San Lorenzo el 5 de noviembre de 1993. Contando aquel triunfo ante Banfield (0-1, Gorosito), el Ruso defendió la azulgrana 152 veces, fue campeón en 1995 y supo ganarse el respeto y cariño del hincha de San Lorenzo.

¿Quedó un sentimiento mutuo con la gente?
Yo creo que sí. Quizás sea un poco pedante que lo diga uno mismo pero creo que el hincha me respeta y le quedó un lindo recuerdo de mi paso por el club. Al menos eso es lo que siento cada vez que voy a la cancha o me cruzo con hinchas de San Lorenzo en la calle. Y obviamente es algo mutuo porque yo estoy muy identificado con el club.

No eras un dotado ni un exquisito dentro de la cancha, sin embargo la gente siempre te demostró mucho cariño. ¿Por qué crees que pasó eso?
Creo que fue un premio al esfuerzo. Cada club tiene su idiosincrasia y creo que en San Lorenzo se valora mucho el esfuerzo de los jugadores. Entonces, ellos premiaron ese esfuerzo que ponía en cada partido, que si bien las cosas me podían salir mejor o peor, la gente entendía que dejaba todo en la cancha. Creo que era algo propio del momento del equipo, que tuve al suerte de compartirlo.

Describí aquel equipo del ’95…
Lo que te puedo decir es que ese equipo fue campeón porque tenía una gran personalidad. Partiendo de la base de buenos jugadores, tenía muchísima personalidad. Había gente grande, creo que el más chico era yo, entonces había mucha experiencia y teniendo en cuenta que no era un momento fácil para el club, por los 21 años sin campeonatos, que era una presión extra, esa experiencia fue vital en la cancha.

El rol del Bambino…
Fue fundamental. Personalmente fue uno de los mejores técnicos que tuve. Para mí, sin él no hubiéramos salido campeones.

Cuando vez aquella imagen en el estadio de Central, que estás arriba de un hincha con el torso desnudo y los brazos al cielo, ¿qué pensás?
Y, como momento de intensidad sin lugar a dudas fue inigualable. Difícil de ponerle palabras porque fue algo único y muy buscado. Hubiera sido muy duro para todos nosotros no haber logrado ese objetivo.

Cada vez que salían a la cancha, el “Rusooo, Rusooo” que bajaba de la tribuna era una fija. ¿Qué te generaba eso?
Son esas cosas que te dejó el fútbol, que no se olvidan nunca y quedarán guardadas en los recuerdos de uno para siempre.

¿Cuándo le hiciste el gol a Colón fue la vez que más fuerte se escuchó?
(Risas) Puede ser, es que fue el único. La verdad que sí, fue distinto pero hubo muchos más. Tuve la suerte de tener una muy linda relación con la gente y en esos años que estuve me trataron muy bien.

Se lo ve tranquilo a Manusovich. Totalmente distinto a aquel melenudo número tres que derrochaba sudor por el andarivel izquierdo del Nuevo Gasómetro. Ahora, relajado, se divierte jugando al fútbol-tenis por la pantalla de Fox Sports. A pesar de eso, jamás olvidará aquellos años que defendió la camiseta azulgrana.

Sobre la vuelta a Boedo

"Me parece bien. Creo que sería una verdadera reparación histórica por el hecho de que San Lorenzo nunca debió irse del lugar que estaba. Es un tema obviamente complejo, difícil. Se sabe que es algo que no se va a lograr del día a la noche pero me parece que es legítima la búsqueda y la lucha y la pelea. En estos casos, donde los temas son tan complejos, creo que el trabajo y la movilización de la gente muchas veces ayuda a que quienes tienen que tomar decisiones. No leí el proyecto pero estoy al tanto de lo que se reclama a demás hay mucha gente que está movilizada con este tema porque la gente que me cruzo en la calle me habla de eso. Me gustaría tener más detalles pero obviamente que estoy de acuerdo".

Tapa 223


¡Volvé, San Lorenzo!

(Edición impresa 223)


A Boedo, claro. Ese es el máximo sueño de todos los cuervos. Pero también a jugar como lo marca la historia de este club. Porque lo que hizo el Ciclón ante Estudiantes, la fecha pasada, fue algo que no tiene nada que ver con su ADN. Duele admitirlo, pero jugamos como un equipo chico.


por Jorge Fuentes


En el reparto de tareas para esta edición, le ha tocado a este periodista la parte más pesada. Porque, la verdad, luego de lo que vivimos el martes, uno ha quedado maravillado, con “cosquillitas en la panza” y con la piel erizada. Semejante muestra de amor, pacífica y genuina, invita a liberar en la PC todas esas sensaciones hermosas que aun tenemos en el cuerpo. Pero los Hermanos Cuervos Gastón García y Eduardo Bejuk ya se han ocupado de eso. Y como alguien tenía que escribir de fútbol, bue... acá estamos, cumpliendo con esa obligación, como en todos los números. Es cierto que en otras ocasiones, esa “obligación” ha sido muy placentera. Como en 2001 o 2007, por ejemplo. Pero sin llegar a esos extremos, de vez en cuando el Ciclón nos regala algún buen partido o un triunfo inolvidable como para escribir con una sonrisa. De hecho, en este torneo, motivado por los buenos resultados y un desempeño medianamente aceptable, algunos artículos fueron bastante optimistas. Pero luego del partido ante Estudiantes, el optimismo desapareció por completo. ¿Puede un equipo salir campeón jugando como contra el Pincha? ¿Puede un equipo grande aferrarse a un puntito, aunque esté jugando contra uno de los mejores equipos del fútbol argentino? ¿Se puede ganar un partido sin patear, al menos una vez, al arco? La respuesta a estas tres preguntas es un NO, con mayúsculas. La maldición de Colón A veces, acertar un pronóstico da mucha bronca. Y en la edición pasada, en este espacio, se habló del peligro que generaba enfrentar a Colón. “¡Ojo con Colón!”, titulamos. No por su presente futbolístico, sino porque en el torneo pasado, cuando el Ciclón iba puntero, el Sabalero le ganó en Santa Fe y provocó la debacle de San Lorenzo. Y, lamentablemente, volvió a ocurrir. El Negro nos volvió a ganar y regresaron los fantasmas. Es justo decir que esas dos derrotas contra Colón tienen diferentes matices. En el Apertura 2010, en el Cementerio de los Elefantes, el equipo de Ramón Díaz cayó sin atenuantes, más allá de un gol mal invalidado a Aureliano Torres. Pero en este torneo, el Ciclón fue ampliamente superior y perdió nada más (y nada menos) por haber fallado en las áreas, justamente en los sectores de la cancha donde se resuelven los partidos. La gente reconoció la actitud y el buen rendimiento del equipo y, pese al 1-2, despidió a los jugadores con aplausos. Es que, en medio de la bronca, se podía analizar que “jugando así, vamos a ganar más partidos de los que vamos a perder”. Pero, ciclotímico, San Lorenzo mostró su peor cara a la siguiente fecha. Como si la maldición de Colón otra vez hubiese surtido efecto, contra Estudiantes, el Ciclón dejó una imagen muy lastimosa. Ganó un punto, pero perdió crédito A priori, empatar contra Estudiantes, de visitante, no es algo para lamentar. Se sabe que el Pincha está, junto a Vélez, un escalón por encima del resto. En ese sentido, la igualdad puede ser mirada con buenos ojos. Pero si se desmenuzan los noventa y pico de minutos de juego, no queda otra que preocuparse. Y mucho. Porque, a decirlo sin vueltas, San Lorenzo jugó como un equipo chico, sin ambición, reconociéndose netamente inferior al rival que, encima, tuvo una tarde/noche de lo más discretita Y eso es lo único que el hincha no perdona. Que el Ciclón, aun con los recaudos que hay que tomar en determinados casos, haya resignado el ataque es algo que no puede aceptarse.

La tabla aun nos muestra ahí nomás de la punta, prendido como un montón de equipos. Y con la paridad existente en este campeonato, no es descabellado pensar que San Lorenzo pueda seguir peleando hasta el final. Eso sí, deberá repetir más actuaciones como la que tuvo ante Colón (sí, a pesar de la derrota) y no volver a jugar nunca más como ante Estudiantes (sí, a pesar del punto positivo). La idea de volver a Boedo ya está impregnada en cada hincha de San Lorenzo. Y no hay dudas de que todos los cuervos, desde el lugar que les toque, harán todo lo que puedan para cristalizar ese sueño. Ramón Díaz y los jugadores, en cambio, deben trabajar en otro regreso. Porque San Lorenzo se hizo grande, entre muchas otras cosas, por equipos que nunca especularon. No hay que olvidarse de eso. Y, más allá de los resultados ocasionales, hay que retomar ese camino. La grandeza no se negocia.

SE CREÓ LA COMISIÓN DE PRENSA DE RESTITUCIÓN HISTÓRICA


En una reunión realizada entre el presidente de San Lorenzo de Almagro, Carlos Abdo, el secretario de la institución, Néstor Larrandart, y miembros de la Subcomisión del Hincha, se resolvió conformar un “Grupo de Prensa de Restitución Histórica”. La misma estará conformada por Adolfo Res, Néstor Larrandart, Román Perroni y Martín Dianda. Este equipo será la fuente oficial del Club en este tema trascendental para el futuro de San Lorenzo de Almagro.

El blog de la Restitución Histórica existente desde que el 11 de noviembre de 2010 cuando se presentó el primer Proyecto, será el encargado de difundir oficialmente a todos los medios partidarios y nacionales todo lo concerniente al tratamiento en la Legislatura Porteña.

Cada paso dado, el estado de los proyectos, los avances de los mismos en las distintas comisiones, las posibles fechas de futuras movilizaciones, así como aclararle y despejarles dudas a los “desinformados” de estos días, los argumentos valederos del reclamo y porqué deben volver a San Lorenzo los terrenos que ocupa hoy el hipermercado y que en forma ilegítima el Club Social y Deportivo fue coaccionado para dejar su lugar en el mundo durante el último gobierno de facto.

Desde esta nueva Comisión, le decimos a cada Sanlorencista, que defienda el Proyecto en cada puesto de trabajo, lugar de estudio o ámbito, con la información clara que tendrá cotidianamente en www.restitucionhistorica.blogspot.com/



Adolfo Res

jueves, 14 de abril de 2011

Impresionante

Aparecido


Por Eduardo Bejuk


Los escucho y sé que son ellos. Los mismos. Otros. Pero ellos. Me desperezo en mi chirrido viejo, mezcla de acero y madera, y entrecierro los ojos para abarcar a la multitud. No estaba dormido, eh, apenas descansando. Trapos que cruzan por Avenida de Mayo. Pibes en los hombros de su viejo, camisetita pegada a la piel. Gritos sudorosos de camisa y corbata, recién salidos de la oficina. Quijotes sin caballo que pintan el mundo de azulgrana, con el aerosol de su pasión invencible. Sí, son ellos, claro que son ellos. Los mismos. Otros. Siempre ellos. Reconozco las antiguas canciones y descubro las nuevas. Recuerdo las aventuras de antaño (el ascenso de prepo, las caravanas, miles de avalanchas en canchas alquiladas) y me doy cuenta de que acá mismo, con la fuerza ciclónica de sus voces, empieza una nueva. Y ya sé cómo termina. Porque los conozco. Una señora muy mayor, con un pin en la solapa, suelta una lágrima sin advertirlo. Un cuarentón de bigotes agita su camiseta de piqué. La Legislatura, de balcón a balcón, retumba con el grito de estos locos. Que son tan cuerdos que nunca se olvidan quiénes son y de dónde vinieron. Bombas, humo, arengas de micrófono, un camión repleto, banderas con los colores del alma que flamean en una tarde de otoño. Llevo años al lado suyo (aunque no me vean, siempre estoy) y nunca termino de sorprenderme. Aman a San Lorenzo. Aman a su barrio. Aman. Y me aman a mí, parece, ruborizado y todo debo reconocerlo, los escucho cantar como niños, los veo llorar como grandes, y siento la enorme necesidad de agradecerles tanto amor. Será que estoy un poco viejo (así me dicen, Viejo Gasómetro), será que me contagié de su corazón corajudo y sensible, pero sólo ellos podrían lograrlo. Hacerme aparecer, justo ahí donde pretendieron desaparecerme, no es un acto de magia. Es un acto de amor.

miércoles, 13 de abril de 2011

Yo quiero a la banda en fiesta y en pedo...

La gloriosa se hizo escuchar en la Legislatura

La caravana del sentimiento y de la vuelta

"Volver a Boedo": Un reclamo desde el alma











Abuelos, niños,chicas, señores, madres, hijos, padres, nietos, amigos...


Fue una movilización genuina, que salió desde el corazón de cada uno de esos miles de sanlorencistas. No se necesitó de un pancho y una coca para ir. Sólo se necesitó sentir la pasión azulgrana, ser parte de este sentimiento cuervo y centenario, tener esa sangre azulgranada por la venas.








martes, 12 de abril de 2011

lunes, 4 de abril de 2011

Tapa Edición 222


Rubén Darío Insua: "Mi sentimiento está intacto"

(Edición Impresa 222)

Pocos reflejan como él, el genuino sentimiento del hincha, ese que no borran ni cambian los años, las malas, ni las exigencias del profesionalismo. Pocos se emocionan como él cuando se lo convoca para hablar de su equipo, su club del corazón, ése que siempre estuvo –está- bien presente en su vida más allá de las distancias o de que el fútbol le haya puesto otros colores sobre el pecho. Rubén Darío Insúa, un héroe de la hinchada azulgrana, mano a mano con La Revista del Ciclón en una charla a puro San Lorenzo


por Aquiles Furlone



¿Qué significa San Lorenzo, no sólo en tu carrera sino en tu vida?

Una parte muy importante de ella, sin dudas. Llegué al club de muy chico, a los nueve años. Hice infantiles, inferiores, jugué en Primera y fui entrenador. Pasé mi adolescencia ahí, me formé como persona y me hice muchos amigos.


¿Es cierto que en tu época de jugador rechazaste más de una oferta del fútbol europeo para seguir peleando la situación en San Lorenzo?

Como soy hijo de españoles y no ocupaba plaza de extranjero, tuve varias. En 1979 una del Málaga, y en el 83, en un viaje con la selección, preguntó el Barcelona, donde dirigía Menotti y jugaba Maradona. La verdad es que en San Lorenzo estaba muy cómodo y además para que se concretara tenía que renunciar a jugar en el seleccionado argentino. Ninguna de las dos cosas me parecía bien y por eso decidí seguir con lo que me hacía feliz. Preferí continuar en San Lorenzo y mantener la chance de la selección antes que pasar al Barcelona.


No chamuya, Insúa. Ni vende humo. Habla de verdad, con el corazón, con el sentimiento cuervo a flor de piel. Se percibe al escucharlo y queda claro al toque, en la respuesta siguiente, cuando se le pregunta por una vieja historia que da vueltas en el ambiente.


¿Es verdad que cuando jugabas en Independiente te obligaron a hacerte socio y vos te opusiste por ser fana de San Lorenzo?

-Jajaja, no, nunca sucedió eso. Me lo preguntaron varias veces, debe ser un mito que alguien inventó alguna vez. Lo concreto es que el cuerpo técnico, que en ese momento comandaba el Indio Solari, lo había sugerido, pero para nada era una imposición. Algo similar pasa con eso de que nunca dejé de usar pulseras de San Lorenzo estando en otros equipos. Tampoco es así. Llevaba siempre una porque que me la habían regalado mi señora y mis hijos y daba la casualidad que tenía los colores, nada más.


Sí es cierto que cuando te fuiste del club perdonaste una deuda y la donaste a las divisiones inferiores... Eso es verdad, era un dinero que me correspondía pero me pareció que colaborar con el crecimiento de los jóvenes, algo que a mí siempre me interesó mucho, era una buena manera de retribuirle al club un poco de todo lo que me había dado. 6 de noviembre de 1982.


¿Qué te viene a la memoria?

Imposible olvidar ese día. El gol frente a El Porvenir en cancha de Vélez, para regresar a Primera y reparar en alguna medida lo que había pasado el año anterior. Yo siempre describo esa fecha como la culminación de una fiesta que duró un año. Haber tenido el privilegio, la suerte de marcar ese tanto, es de lo mejor que me pasó en la carrera.


¿Cómo fue ese torneo en la B?

Se jugó más con el alma que con otra cosa, ¿no?

Hubo un poco de cada cosa. Éramos un grupo de jugadores jóvenes formados en las inferiores que, pese a que la mayoría habíamos tenido una participación muy corta en el descenso, nos había tocado vivirlo más como hombres del club que como profesionales. Y fue una experiencia fundamental para afrontar después la Primera división.


¿El paso del tiempo y tantos años como profesional hacen perder un poco el hincha que se lleva adentro?

Creo que no, para mí eso no se acaba nunca. El sentimiento por la gente y por la institución está intacto. Además yo me di grandes gustos en San Lorenzo, donde me quedan un montón de amigos y recuerdos imborrables. Haber sido jugador y entrenador donde uno fue hincha es un privilegio


"Y chupe, chupe, chupe, no deje de chupar..." ¿Cómo sigue? Jajaja, qué lindo recuerdo.

Que el final lo cante el hincha.


Hablando de hinchas, ¿te acordás de ése que apenas se consumó el descenso te pidió por favor que te quedaras?

Sí, claro. Fue cuando nos íbamos del estadio, pero no se dio sólo conmigo sino que era un pedido general para cuatro o cinco pibes jóvenes que éramos del club. Fue algo muy fuerte, que me conmovió.


¿Te gustaría volver a dirigir a San Lorenzo?

Sí, me encantaría. Como técnico ya gané una copa internacional. También, sueño con ganar la Libertadores.


Feliz cumple...

Desde Ecuador, horas antes de pegarse la vuelta a Buenos Aires tras ser despedido del Barcelona de Guayaquil, el Gallego dejó sus felicitaciones antes que el Ciclón soplara sus 103 velitas: “Como mensaje por este cumpleaños les mando un abrazo grande y fuerte a todos los hinchas de San Lorenzo. Mi deseo por este nuevo aniversario es que al club le vaya muy bien en lo institucional. En lo deportivo lo veo muy bien porque tiene a un gran entrenador como Ramón Díaz”.

Ramón Aramayo: Así lo mataron

Crónica de una muerte registrada (recordamos la nota publicada un año atrás)

La Revista del Ciclón fue testigo presencial del momento que Ramón Aramayo fue detenido por efectivos de la Policía Federa. En ese momento, pudimos registrar distintas imágenes que después fueron distribuidas y difundidas por los medios periodísticos nacionales y partidarios. Ahora, te contamos todo lo que vimos.

El domingo 20 de marzo fui uno de los más de 4000 cuervos que tenía un ticket para ver el Vélez-San Lorenzo perteneciente a la sexta fecha del Torneo Clausura 2011. Llegué a Liniers apenas pasadas las tres de la tarde y estacioné el auto sobre la calle Ventura Bosch, un poco alejado de la zona de legalización de los malditos trapitos ¿cuida autos?

Hice una previa de diez o quince minutos en la esquina de Lisandro de La Torre y Rivadavia, en la puerta del banco HSBC, donde me crucé y compartí algunos diálogos con muchos cuervos conocidos. Nada fuera de lo habitual. Al rato, con dos amigos que encontré por ahí, encaré para el José Amalfitani por la calle Barragán. Alrededor de las 15:20 llegué al primer retén policial. Me hicieron el cacheo correspondiente y fui uno de los últimos en avanzar hasta que los uniformados volvieron a interrumpir el paso, para que no se acumule mucha gente en el siguiente control. A los veinte metros de ese primer retén sentí un murmullo a mi espalda. Cuando me di vuelta, pude apreciar como dos policías intentaban detener a una persona que ofrecía una tenue y quizás normal resistencia. Segundos después, esos dos policías se convirtieron en varios más (seis o siete, no lo recuerdo con precisión) con el objetivo de arrestar a ¡una sola persona! En ese momento, me pregunté si eran necesarios tantos efectivos y la utilización de ciertos métodos para detener, reitero, a ¡una sola persona! Entre forcejeo y forcejeo el hincha del Ciclón cayó al piso y los efectivos fueron sobre èl para continuar con si misión de apresarlo. Un policía lo agarró de los pelos y lo mantuvo con su cabeza contra el asfalto. Otros dos lo tomaban de sus manos y brazos. Otro, le torció las piernas hacia arriba. Otro, en un momento, lo tomó de sus genitales, intentado, imagino, inmovilizarlo. Si bien la situación me pareció fuera de lugar, en ningún momento vi golpes brutales. Sin embargo, mientras todo eso sucedía, al hincha del Ciclón se le fueron marcando los codos y sus rodillas con sangre, por los raspones contra el suelo. También, mientras eso ocurría, indignado y con un poco de impotencia por lo que estaba sucediendo, yo ya había encendido mi cámara digital y capturado varias imágenes. Una vez que los efectivos lograron su objetivo de esposar al hincha del Ciclón, que aun permanecía en el piso y boca abajo, corrí una de las vallas que dividían a la vereda del asfalto y me ubiqué apenas arriba del cordón. Cuando lo levantaron, comencé a grabar. En las escenas del video (que dura menos de un minuto), se puede observar como al hincha de San Lorenzo lo llevan hasta un portón verde. En ese momento, que la situación estaba aparentemente controlada, los efectivos de la Federal habilitaron el paso de los cuervos que estaban expectantes en el primer retén. Ahí, guardé la cámara y me fui para la cancha. Ya en la tribuna visitante y con el partido estaba comenzado, se empezó a escuchar que había muerto un hincha en las afueras del estadio. Primero se decía que era un chico de 17 años, después que era más grande, pero todos coincidían que lo había “matado la policía”. La situación se descontroló, el partido se suspendió y fui uno de los últimos cuervos en retirarme de la cancha. Cuando me iba por la calle Barragán, pude ver que en una de las vereda había una ambulancia y muchos policías. Seguí caminado pero unos metros más adelante un amigo me dijo que ahí, estaba el hincha que había muerto. Me acerqué pero el cuerpo ya estaba cubierto. En los pocos minutos que duró mi caminata hacia el auto, en lo único que pensaba era en lo que había visto antes de llegar al estadio y la coincidencia con el lugar donde estaba el muchacho muerto. Me costaba creer que las fotos que le había sacado a un muchacho en vida, luego pudieran relacionarse con alguien que había muerto. Cuando estaba llegando al auto, me crucé con unos cuervos amigos y les comenté la situación pero siempre sin querer creer lo que después se confirmaría. Llegué a la casa de mis padres, empecé a comparar las imágenes de mi cámara con las que veía en televisión y mis sospechas fueron creciendo cada vez más. Bajé las imágenes a la PC y se las envié por mail a un periodista conocido del diario Olé. Ansioso, preocupado y lleno de intriga, minutos después me comuniqué con él y le planteé la situación. Recuerdo decirle: “No sé si estoy sugestionado, si es casualidad o si lo que vi tiene algo que ver con el hincha muerto, pero te envié las imágenes para ver si ustedes pueden averiguarlo”. Pasada más de una hora de esa comunicación, volví a llamarlo y me confirmaron la triste notica de que las fotos que había sacado, mostraban a Ramón Aramayo, el hincha de San Lorenzo muerto. En ese momento empecé a sentir miles de cosas. Entre ellas, mucha impotencia e indignación. De Olé me preguntaron si podían utilizar las imágenes y obviamente les dije que “sí”. También me consultaron si quería que figure mi nombre o el de la revista y les contesté que “no”. Horas más tarde, luego de charlar la situación con un amigo, enviamos las imágenes a periodistas de los diarios Tiempo Argentino y Crónica. También a varios medios partidarios. Al otro día, esas fotos fueron utilizadas por varios diarios y revistas y hoy, junto al video, circulan por toda por la web. Esa es nuestra historia. Esa es mi historia. Hoy me invade una gran tristeza por la muerte de un hincha de San Lorenzo. Siento bronca por la manera estúpida en que un ser humano perdió su vida por ir a ver un partido de fútbol. No sé si a Ramón lo mató la policía. No estoy capacitado para decir eso. Sí, puedo decir que a mi parecer lo trataron de una manera desmedida y brusca. Será la justicia quien determine qué fue realmente lo que causó su muerte. Ojalá haya más testigos que puedan contar qué sucedió cuando yo me fui del lugar. Por lo pronto, el material que nosotros registramos ya está a disposición de los abogados de la familia Aramayo. También me comuniqué con Mabel, la mujer del cuervo Ramón, para disponerme como testigo. En mis 34 años, es la primera vez que me ocurre una cosa así. Espero haber obrado correctamente. Mi más profundo deseo es que se haga justicia. Y que el fútbol, alguna vez, sea una fiesta y no haya más muertes como la de Ramón. Gastón García


viernes, 1 de abril de 2011

Las Malvinas Argentinas y Cuervas

(Edición impresa 222)


Hoy se cumplen 29 años del desembarco de los soldados argentinos en Malvinas. Un ex combatiente y Cuervo de Ley, que en diciembre volvió a pisar tierra isleña después de 29 años, le contó sus vivencias a La Revista del Ciclón. Una historia, que tiene partecita azulgrana.

por Gastón García


No fue sencillo escribir esta nota. Trasladar un tema tan delicado como Malvinas a una revista de fútbol, en este caso de un equipo en particular, para muchos podría resultar poco atinado. Cualquier comentario podría patinar y ser considerado fuera de lugar. Sobre todo, por aquellos que fueron partícipes directos de aquella contienda bélica. Sin embargo, fue el protagonista principal de esta historia el que nos abrió el camino para narrarla.


Fue su frase “Malvinas y San Lorenzo son mis dos pasiones del alma” la que nos motivó y hasta obligó a plasmar su historia en esta revista. Para que la conozcan miles de cuervos como él, o como vos. Por eso, sin hacer demasiadas adjetivaciones, le dimos para adelante. Alejandro Martín, hincha fanático del Ciclón, fue combatiente de la guerra desatada entre Argentina e Inglaterra en 1982.


Desembarcó en Malvinas el 13 de abril de ese año, cuando él apenas tenía 19, siendo un soldado conscripto clase 1962 que estaba realizando el servicio militar obligatorio. Como él se encarga de contar en cada charla que ofrece, llegó a las islas “con toda la ilusión de ser argentino” y creyendo en ese lema que aprendió desde purrete: “Las Malvinas son Argentinas”. No tuvo miedo en ir, “porque no sabía lo que era una guerra”, sin embargo, aclara que “el miedo se siente una vez empezada la misma”. Su rol de combate fue “apuntador de MAG” (ametralladora 7,62). Permaneció en Malvinas 74 días y volvió como prisionero de guerra el 22 de junio de 1982.


El 10 de diciembre de 2010, casi 29 años después a haber pisado por última vez el territorio malvinense, pudo volver junto a otros ex combatientes en un viaje que tuvo que preparar durante dos años. “Dolor, miedo, orgullo, honor y paz, mucha paz”. Así describe Alejandro, el momento del reencuentro con esos recuerdos jamás olvidados.


En el cementerio de Darwin, ese lugar “tan sagrado” para él, donde descansan “sus héroes” y donde encontró esa paz necesaria, Alejandro pudo darse el gusto de unir a sus dos “grandes pasiones”: San Lorenzo y Malvinas. Ahí, frente al monumento a los ex combatientes argentinos “caídos en acción” y con una camisa azulgrana, réplica del equipo de Los Matadores, este Cuervo de Ley se sacó, quizás, una de las fotos más hermosas de su vida.


Esa imagen, que ilustra esta página, fue el disparador principal de esta nota y cumpliéndose hoy 29 años del desembarco de los soldados argentinos en las islas, elegimos esta edición de La Revista del Ciclón para revivir su historia.


¿Alejandro, qué es Malvinas para vos?

Malvinas me dejó un dolor en el alma que no se puede expresar. Saber que murió un compañero y no pudiste evitarlo, saber que ellos murieron para que nosotros estemos vivos, no se puede explicar con palabras.


¿Cómo conviven ustedes con esos recuerdos?

La mejor manera de mantener la llama prendida de la causa Malvinas es dando charlas en escuelas o en los lugares que la gente nos pida y nos quiera escuchar. Este sentimiento no tiene precio ni costo. El único precio y costo es la sangre derramada por nuestros héroes.


Contame del viaje. Sensaciones, sentimiento…

Nos llevó dos años prepararlo. Tuvimos charlas entre nosotros, con psicólogos y con nuestros familiares. Uno de los planteos que más nos hicimos antes de ir, fue si ingresar con pasaporte era faltarle el respeto a nuestros héroes. Pero llegamos a la conclusión de que cada uno escapa de este infierno, la post guerra, como puede y no como debe. Los días previos a viajar no dormimos ni dejamos dormir a nuestros familiares. Al pisar Malvinas, se nos vinieron todos los recuerdos encima.


¿Qué dejó el viaje?

Muchos sentimientos. Dolor, miedo, orgullo, honor y, sobre todo, paz, mucha paz. Lo principal fue pararse delante de la puerta del cementerio de Darwin, donde descansan nuestros héroes. Aplaudimos y dimos las gracias. Luego de comernos un mantecol y fumarnos un habano con ellos, les dijimos que estos años los vivimos con dignidad. Eso es lo menos que les debemos como argentinos y como ex combatientes.


Mientras cuenta su historia, orgulloso, los ojos de Alejandro se humedecen. La charla es extensa, necesitaríamos de toda esta revista para describir sus sentimientos. Por eso, decidimos hacer un alto y que nos cuente cómo fue eso de sacarse una foto con una camiseta azulgrana, uniendo, como él mismo cuenta “a sus dos pasiones”: Malvinas y San Lorenzo. San Lorenzo y Malvinas.


Así lo describe…

Sacarme una foto en ese lugar tan sagrado para mí con la camiseta de San Lorenzo puesta, me permitió juntar las dos pasiones de mi alma. Fue algo muy lindo y confortante.


¿Por qué con la camisa de Los Matadores?

Porque gracias a ellos fue que pisé por primera vez Tierra Santa, yendo Viejo Gasómetro.


Si tuvieras que buscar algún hecho de la historia de San Lorenzo para relacionarlo con Malvinas, ¿cuál sería?

¿Te acordás de los Camboyanos?… No tenían agua, toallas, ropa de entrenamiento y ni siquiera los sueldos al día pero jugaban con orgullo por la azulgrana. En Malvinas combatimos contra los ingleses, contra los yanquis, contra el frío, el miedo, el hambre y contra nuestros propios generales. Pero con el honor y el orgullo de tener en el pecho, en el corazón y en el alma, la bandera Argentina.


¿Cómo te gustaría cerrar esta nota?

Diciéndoles a todos los sanlorencistas que quieran conocer nuestra historia, que me encantaría poder darles una charla y, sobre todo, ver la llama de Malvinas en un trapo de la gloriosa Buteller y la de las islas en el estadio Pedro Bidegain.