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lunes, 1 de marzo de 2010

Editorial


Miele, el inocente

Por Jorge Fuentes

Para el Tribunal Oral Nº 25, integrado por los jueces Carlos Binda, Rodolfo Bustos Lambert y Rodolfo Goemer, Fernando Miele no entregó comisiones de hasta un 40% por venta de jugadores, no tuvo nada que ver en la desaparición de las recaudaciones de la semifinal y la final de la Copa Mercosur 2001, ni depositó en cuentas propias cheques del club por el pase de Gustavo Campagnuolo a Racing.

Para el Tribunal Oral Nº 25, es decir para la Justicia argentina, Fernando Miele no es culpable de administración fraudulenta en el Club Atlético San Lorenzo. Si hubiera sido encontrado culpable, se hubiese transformado en el primer dirigente de fútbol en ir a prisión, ya que el delito del que se lo acusaba era contra una Asociación civil sin fines de lucro, y no era excarcelable. Hasta aquí, la información precisa, fría y objetiva.

Para los hinchas de San Lorenzo, en cambio, las cosas no están tan claras. Están los que celebraron el fallo, ultramielistas que ya sueñan con su líder encabezando o apadrinando alguna de las listas que se postularán a fin de año, y los que recibieron la noticia de la absolución del ex presidente azulgrana como si fuera una derrota en un clásico, sobre la hora y con un gol con la mano. Lo concreto es que, para bien o para mal, el nombre de Fernando Miele jamás pasa inadvertido para los cuervos.

¿Qué hará Miele ahora? No hay que ser muy despierto para darse cuenta de que intentará reaparecer con todo en la arena política del Ciclón, con ánimo revanchista, a tratar de recuperar el terreno y el tiempo perdido. Ya se lo escuchó exultante en el programa “Simplemente San Lorenzo”, cuando salió a avisarle a quién quisiera oírlo que “me quisieron convertir en un cadáver político y hoy estoy más vivo que nunca".

Miele tuvo todo a su favor para transformarse en una leyenda de San Lorenzo. Todo. Aún con su criticable estilo personalista, levantó a un San Lorenzo que estaba inmerso en una crisis de enormes proporciones y encabezó la epopeya de construir una cancha. La gente lo quería. Y tenía motivos para hacerlo. Pero luego, quizás afectado por la ceguera y la soberbia que provoca el poder desmedido, comenzó con una serie de descalabros que tiraron por la borda todo lo anterior. El proyecto de gerenciamiento de ISL, la represión del 30 de noviembre de 2000 y varios manejos de dinero “poco claros” fueron determinantes para su caída y su posterior desaparición de la vida institucional del club.

Pero ahora, el Tribunal Oral Nº 25 determinó que Miele es inocente. Pero Miele no debería festejar demasiado. Hay otro Tribunal, mucho más importante, al que todavía le debe varias explicaciones. Es un Tribunal integrado por cuatro millones de personas. Y muchos de ellos, no piensan como el Tribunal Oral Nº 25.

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