Páginas

lunes, 8 de noviembre de 2010

Editorial (Revista 215)

Vergüenza

Vergüenza íbamos a titular en la portada de esta revista (aclaramos que fue impresa antes del fallecimiento de Néstor Kirchner), ilustrada con una imagen de los jugadores de San Lorenzo yéndose con la cabeza gacha del estadio Tomás A. Ducó tras ser goleados en el clásico contra el rival de barrio. Pero luego de intercambiar opiniones con varios amigos cuervos, concluimos que no valía la pena darle tanto lugar a estos futbolistas que poco hicieron para no pasar justamente vergüenza dentro del campo de juego y optamos por homenajear a la gloriosa hinchada azulgrana por el descomunal aliento que le brindó a sus colores desde las tribunas del deteriorado estadio Quemero.

Vergüenza es lo que deben sentir varios de los millonarios jugadores de San Lorenzo por ser goleados por un Huracán de apellidos desconocidos y con serias probabilidades de irse nuevamente al descenso. ¡38 años! pasaron desde la última vez que nos ganaban por tal diferencia. ¡Qué mamarracho hicieron, jugadores!

Vergüenza fue el operativo de (in)seguridad organizado para el clásico. Autoritaria e insólitamente decidieron que los hinchas de ambos equipos no podrían ingresar banderas al estadio (¡porque las banderas matan, vio!). Para aplicar esa medida destinaron nada menos que 1100 efectivos. Fracasaron todos, desde el primero hasta el último. Por el lado de Huracán, la barra ingresó dos banderas con leyendas alusivas y agresivas a San Lorenzo. Enfrente, los cuervos pillaron el operativo metiendo no menos de 15 trapos azulgranas, de esos denominados de alambrado. ¡Qué inoperantes son!

Vergüenza es lo que tendrían que sentir los dirigentes del fútbol argentino y en este caso los de San Lorenzo y Huracán por permitir que los 5.500 cuervos que pagaron un ticket para ir al estropeado Tomás A. Ducó tengan que estar hacinados y apretujados en un pequeño e impresentable codo de la tribuna destinada a los visitantes, quedando otra gran parte sin utilizar. Varias personas desmayadas, entre ellas dos niños, que fueron retiradas de las gradas por los propios hinchas, (¡una puerta tuvieron que usar de camilla!), fue el desenlace obvio de una penosa organización. Y si no pasaron cosas peores, fue sólo por casualidad. Nos preguntamos: ¿No les alcanzó con limitar la cantidad de hinchas? ¿No pudieron prever que el sector asignado al público sanlorencista era muy chico en relación a la cantidad de entradas vendidas? Señores, si no quieren que la violencia llegue desde abajo, eviten provocarla desde arriba.

Vergüenza es lo que debería sentir un dirigente de San Lorenzo por ser tan discriminador a la hora de referirse a uno de los candidatos a ser presidente del club en diciembre próximo. Poco tiene que ver esto con este Editorial que está básicamente referido a la derrota en el clásico pero nos apena que haya gente que utilice artimañas tan pequeñas para agredir a contrincantes políticos. En este mundo moderno que se caracteriza por la aceptación del otro, escuchar o leer que alguien que representa a nuestros colores proceda de tal manera, realmente nos indigna y preocupa.

Y para darle un cierre a esta página, vergüenza es lo que jamás sentiremos los cuervos por ser hinchas apasionados de nuestro querido San Lorenzo de Almagro. Por eso, a pesar de no recibir nada desde el campo de juego, en Parque Patricios ganamos el partido de las tribunas alentando a los colores de manera descomunal. Orgullo, es lo que nos da ser hinchas del Ciclón.

No hay comentarios: